“Volvería una y mil veces más”

En Julio de este año viajé a Estados unidos por Odile Travel y, con una mano en el corazón, digo que fue la mejor experiencia de mi vida. No me alcanzan las palabras para describir lo maravilloso que fue cada instante del viaje, cada respiro, cada sonrisa, cada lugar… Fue perfecto.

Tuve la posibilidad de conocer con personas de mi edad y las ciudades de mis sueños: New York, Boston, Orlando y Miami.

Todo comenzó cuando hace más de un año, al escuchar la propuesta de la empresa, casi sin dudarlo decidimos junto a mis padres que viajaría este 2017 por Odile, y no lo cambiaría por nada. En diciembre el viaje comenzó a hacerse cada vez más cercano y real, tener las jornadas de integración desde entonces nos ayudó muchísimo ya que conocimos a nuestros futuros compañeros, que en menos de un año, serian de las personas más importantes en nuestras vidas. El contador de días cada vez disminuía más rápido.

Un mes antes de irnos, con las mochilas, gorros y prácticamente el viaje en mano, comencé a sentir que tenía un pie en la realidad, que me mantenía para no salir volando en esa nube de grandiosa confusión.

Sin dudarlo, mi destino favorito fue New York, en donde, además de visitar los mejores lugares turísticos junto al mejor staff, comenzó el viaje. Comimos en lugares maravillosos, y aunque no estuviésemos en Disney aún, la magia estaba presente. Las risas y cantos eran cada vez más fuertes.

Luego, tuvimos la posibilidad de ir a Boston y visitar dos de las universidades más conocidas del mundo. Al entrar a Harvard simplemente quedé anonadada, todo lo que hacia años estaba viendo en fotos, buscando información y esperando algún día visitar, estaba frente a mi. En el momento de entrar, los ojos se me llenaron de lágrimas, era mucho más de lo que esperaba.

Nuestro próximo destino fue Orlando, donde no solo visitamos muchísimos parques mágicos, sino que dormíamos dentro de uno de los hoteles “encantados” de Disney, la magia estaba presente las 24 horas del día. Desde que nos despertábamos y comíamos deliciosos desayunos, hasta el momento de dormirnos junto a una piscina decorada con distintos personajes de Disney.

Las fiestas en Orlando, hicieron que todos los Teens nos uniéramos muchísimo, bailábamos con cualquier persona y gracias a eso nacía una gran amistad.

Para culminar el mejor viaje de mi vida, recorrimos Miami de diferentes maneras. En ómnibus, a pie y hasta en un catamarán. Tuvimos espacios de compras y mucha relajación mezclada con felicidad.

Allí dimos lugar a la cena y noche más sentimental de la vida de muchos: la “despedida”. Los abrazos más sinceros, los llantos más puros y el silencio más ensordecedor, todo eso, en un mismo lugar. Pero en realidad, de despedida tiene poco, porque el viaje nunca termina, los amigos son para siempre.

Cuando me dicen que un viaje se puede hacer a cualquier edad, yo les digo que no tienen idea de lo que hablan, no tienen idea los que es vivir 20 días de felicidad pura, que no tienen idea lo que es estar yendo al aeropuerto con las valijas y la mochila en mano, con una sonrisa de oreja a oreja porque en unas horas el viaje de tu vida empieza. No tienen idea lo que es llegar, abrazar a tus padres, volver a tu casa, a tu cama, a tu baño, pero igual sentir un vacío, y querer reunirse todos los días, querer tener otra pijamada, volver a darse un chapuzón en Miami, poder volver a subir a las montañas rusas en Orlando, y poder, simplemente, volver a hacer el viaje, una, otra, y otra vez.

De verdad que no me canso de hablar del viaje, y nunca los voy a hacer. Volvería una y mil veces más.