“Hay que visitar California”

Después de muchos años volví a California con ganas de hacer un recorrido en auto de más de 2000 kilómetros en el mes de Setiembre de 2017.

Lo primero que me llamó la atención fue que el avión de LATAM iba completo, no había un solo asiento libre y me preguntaba si serían todos chilenos, porque en Uruguay no sentís que la gente cuente “me voy a California“ y que vuelvan tan contentos como para que se entusiasmen y este destino se vuelva una nueva moda.

La realidad es que todos van a los mismos lugares: Miami y Orlando, Caribe, New York; y como máximo le suman Boston o Washington y por ahí se quedan. Son pocos los que incursionan una fantástica y original New Orleans o Chicago. Siempre lo mismo.

Pues este vuelo de 10 horas desde Santiago a Los Angeles iba de tope a tope. Había familias, parejas de todas las edades y pocos ejecutivos.

Llegando al destino tomamos un auto y nos fuimos directo a San Diego, tan solo 190 kilómetros y allí estábamos en la Meca del Surf, en el punto más Hippie de los hippies verdaderos, los que ahora tienen entre 55 y 65 años y todavía viven como eligieron ser: libres de todas las presiones sociales, ropa cómoda, van descalzos, los pelos sueltos, largos y ahora canosos, trenzas, es decir, son hippies de verdad.

Aquí se pasa muy poco frío durante todo el año ya que está muy cerca del desierto.

Esta vez elegí no estar en Downtown. No es la primera vez que visitaba esta ciudad pero en otra oportunidad estuve en un muy lindo Marriott en la zona que se llama Gaslamp Quartier. Había ido por trabajo, pero esta vez la visita era como una búsqueda de qué es lo que quiere un turista joven (entre los 18 y 30 años) y también ese otro turista que justamente está en lo que se llama la Edad de Oro y que ahora pertenece al Golden Club (más de 60 años). La edad es perfecta para disfrutar ya que se tiene más tiempo y menos presión laboral. Son dos puntas bien distintas, dos polos opuestos. Esa era mi investigación.

Pacific Beach un lugar que a la primera vista no estaba segura si me gustaba, porque tenía cero impacto visual, edificios no muy altos, mi hotel de frente al mar era bastante caro para lo que estaba viendo. Azul, de solo dos pisos, más se parece a un motel que a un hotel. Estacionamos, hacemos el check in y vamos a buscar la habitación. No estaba mal, no era de lujo, sencillo pero con todo lo necesario para una estadía de tres noches, dos camas queen cómodas, frigobar, pileta, cafetera, baño amplio, TV, terraza con un sillón amplio para 2 personas enfrentado a una piscina de dimensiones normales.

Salimos a buscar donde desayunar muertos de hambre, y allí encontramos uno bien americano  con huevos, panceta, tostadas con varias tazas de café. El lugar es bien famoso y recomendable: Truckstop, quedamos listos para empezar nuestro viaje.

Un Boardwalk separa la línea de arena y mar con los edificios de hotelería o casas privadas. ­Es como una rambla nuestra solo con la vereda, por ahí no hay otra locomoción que no sea skates, patines, gente caminando, alguna bicicleta o gente corriendo. Luego viene la franja de alojamientos que pueden ser en su mayoría casas grandes o edificios bajos de máximo dos pisos, pocos hoteles, creo que conté tres.

Lo que más impresiona es el ancho de las playas, la arena es blanca y fina, los famosos piers de cada playa que son muelles tan anchos como para que hayan hasta cabañas de alojamiento. Por allí circulan no solo peatones disfrutando de las vistas sino también autos con autorización, bicicletas y motos.

Otra cosa que ya a primera vista realmente te asombra, no es solamente el color del cielo azul celeste y transparente sin ni una sola nube, sino que también el agua azul marino. Allí las olas son grandes y entonces te das cuenta que está lleno de puntos negros, que esos puntos son miles de miles de surfistas que están allí apostados por detrás del Pier esperando la deseada ola.

Lo primero que hacemos, al ya estar instalados con las valijas en la habitación, es irnos a caminar después del buen desayuno para disfrutar del boardwalk y de la vista de sus largas playas. Nos fuimos a hacer un reconocimiento de la zona con la camioneta, recorrimos la ciudad, lo que llaman Downtown donde está su parte financiera y sus altos y modernos edificios.

Es en esta zona que contamos con escuelas donde se puede estudiar inglés, y recorrimos la zona del puerto y marinas, pasamos por el Convention Center y sus grandes hoteles y, por supuesto, con la zona más conocida por su noche, restaurantes y bares: Gaslamp Quartier. Aquí cenamos en Barley Mash, tenía más de 60 TV´s y la gente mirando la final del Superbowl, muy divertido. Llegamos hasta el famoso Balboa Park y el Zoo de San Diego, super famoso, cruzamos el puente que te lleva a la Isla de Coronado, muy residencial, sus buenas casas, jardines, muy lindas playas. También hay una base naval americana muy importante.

Un día, se nos ocurrió ir a la playa de Coronado y quisimos dormir una siesta pero era imposible, porque nos pasaban los aviones que llegaban a esta base. Pero nos gustó mucho, muy ostentoso, muy prolijo, muy lindo. Un típico lugar americano.

Las playas más lindas son las de Pacific Beach y a continuación está La Joya super residencial. Tres noches alcanzan para entender la ciudad californiana, los surfers, los hippies, lo chic de La Joya y Coronado, la onda libre.Hay muchos bares con cerveza artesanal, la mayoría frente al mar, la gente desayuna y almuerza mirando como rompen las grandes olas, todo es muy descontracturado.

Hay un shopping muy nuevo: el Fashion Valley, con todas las tiendas típicas, no falta ninguna, y para los que buscan actividades de familia está el parque de Sea World y el Zoo, un parque sobre la playa de Pacific con una montaña rusa. Es más parecido a una gran Kermesse. Hay muchas escuelas de Surf, incluso había una enfrente de nuestro hotel: Pacific Surf School, que tenía un éxito asombroso, llegaban familias y parejas a tomar sus dos horas de clase, que incluían el equipo completo y los profesores eran jóvenes y deportistas. Luego de darles su parte teórica los llevaban al agua. Las reservas se hacían online y no te decían cuanto costaba bajo ningún concepto, tenían su camión de propaganda con la web en nuestro hotel.

El Boardwalk, aparte de bares y restaurantes, también está lleno de tienditas para todos los gustos. Además, de Urban Outfitter y varias marcas de trajes de baño como Quicksilver y ropa deportiva, había un supermercado de nombre Ralph para surtir las casas o apartamentos. Lugares como Konos Surf House donde la gente hacía cola para tomar sus desayunos típicos americanos.

Super divertido, la corrida fue bien temprano en la mañana para fantasear qué tipo de gente vivía en esas casas o divinos apartamentos, muchos alquilarían por el fin de semana, solo amigas o solo varones para ver el Super Bowl. Parejas de distintas edades y grupos de amigos amanecían tomando su café y mirando la buena vista.

San Diego queda casi pegado a México y a la famosa ciudad mexicana Tijuana, la frontera que Trump quiere ponerle un muro larguísimo para evitar que se pasen los emigrantes y ¡oh casualidad! Todos los jardineros, meseros, empleados en todos los rubros son mexicanos. Realmente no sé como piensa evitarlo.

En Uruguay no se escucha que nadie vaya a San Diego, pero a mi particularmente me gustó visitarla. Los días se evaporaron disfrutando de caminatas, corridas, playas, buenísimas olas, y solo tuvimos una tarde de compras y tomar deliciosas cervezas artesanales. Es un destino que se pasa muy bien y sin lugar a dudas hay que visitarlo, seas joven o pertenezcas al grupo de los Golden Club.